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Frases de José Ingenieros

Frases de José Ingenieros

Fue un médico, psiquiatra, psicólogo, criminólogo, farmacéutico, sociólogo, filósofo, masón, teósofo, ​escritor y docente ítaloargentino.

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Hay dos cosas que me obsesiona es el campo y campos y de estar en el espacio abierto y las partes del cuerpo, por lo que me oirán mencionar las partes del cuerpo y la anatomía humana. He escuchado mis canciones y yo creo que soy muy visual y hablo de huesos y carne mucho.



La masa busca al líder, no porque lo estime sino por interés; y el líder acepta a la masa por vanidad o por necesidad.



Me siento afortunado de que no había un lugar como el CFL donde pude perfeccionar mis habilidades y convertirse en un jugador de fútbol consistente y tener una buena carrera.



Es rara vez se habla, pero la caza deportiva es casi tan vil como los seres humanos tienen.



Quiero decir, mira, me pongo maquillaje en las películas. Yo no me pongo el maquillaje en la vida real. Es sólo una parte del acuerdo, eso es todo.



Los que se quejan de la forma como rebota la pelota, son aquellos que no la saben golpear.



La curiosidad intelectual es la negación de todos los dogmas y la fuerza motriz del libre examen.



Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van.



No se nace joven, hay que adquirir la juventud. Y sin un ideal, no se adquiere.



La vida humana representa, la mayor parte de las veces, una ecuación entre el pasado y el futuro.



A los hombres fuertes les pasa lo que a los barriletes; se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso.



El hombre que ha perdido la aptitud de borrar sus odios está viejo, irreparablemente.



El ambicioso quiere ascender, hasta donde sus propias alas puedan levantarlo; el vanidoso cree encontrarse ya en las supremas cumbres codiciadas por los demás.



En la utopía de ayer se incubó la realidad de hoy, así como en la utopía de mañana palpitarán nuevas realidades.



Admitamos que la primera vez se ofende por ignorancia; pero creamos que la segunda suele ser por villanía.



La imaginación y la experiencia van de la mano. Solas no andan.



Enseñemos a perdonar; pero si enseñamos también a no ofender, sería más eficiente.